¿Cómo es la primera experiencia como escort?

¿Cómo es la primera experiencia como escort?

Muchos de nosotros encontramos el mundo de las Escorts algo fascinante, y tú, seguramente, si estás leyendo esto, no seas la excepción. Todos queremos conocer los entresijos de este mundillo, cómo fueron las primeras experiencias de la gente, cómo acabaron dentro de este sector, qué piensan las chicas en determinadas situaciones con los clientes, y mucho más. Así que, para tu uso y disfrute, me he encargado de preguntar a otras chicas como yo, otras escorts que han querido compartir  sus primeras experiencias e impresiones. Esperamos que lo disfrutes, como todo lo que hacemos.

 

“Lo recuerdo como uno de los mejores orgasmos que he tenido”

Mi primera vez como Escort profesional la recuerdo como uno de los momentos en los que más nerviosa he estado en toda mi vida. Aunque varias amigas mías ya eran acompañantes por aquella entonces, y ya había escuchado sus historias y experiencias miles de veces, no sabía qué esperarme cuando llegara el momento. Cuando me dieron mi primer encargo, tenía sentimientos encontrados. Estaba emocionada sí, pero también me puse muy nerviosa, notaba como la ansiedad y los nervios aumentaban por momentos. Y más si el primer encargo que te proponen es el de ir al apartamento de un tipo en el que estaréis los dos a solas, y sin saber lo que tiene preparado para ti. Siempre me imaginé que mi primer encuentro sería en el bloque de una agencia o en un hotel, pero resultó no ser así. Mi primer cliente fue un joven estudiante de Oriente Medio que se había mudado hacía poco a la ciudad. Hizo una reserva para estar conmigo de 2 horas, y pidió que fuese yo la que fuera a su apartamento, que estaba a unos 40 minutos en coche de mi casa.

Realmente no me preocupaba tanto el ir a su apartamento, porque la agencia cumplía unos protocolos de seguridad bastante estrictos, pero el estómago se me revolvía cada vez más según me acercaba a mi destino. El apartamento se encontraba en un edificio grande y muy antiguo. Subí las escaleras, y cuando llegué a la puerta del apartamento, podía sentir los latidos de mi corazón como si estuviera a punto de reventar, y no había visto sudar las palmas de mis manos tanto como aquella vez. Al abrir la puerta, apareció un chico joven, guapo, y probablemente tan nervioso como yo. Fue entonces en ese momento cuando traté de recordar lo que las otras chicas me habían dicho: intenté calmarme, darle mi mejor sonrisa, y comencé a charlar con él.

Después de presentarnos y hablar un rato, pasamos directamente a por lo que había ido allí. Ya nos habíamos relajado un poco cuando comenzamos a acariciarnos, y entonces empezamos a “explorarnos” el uno al otro, antes de desnudarnos e ir al dormitorio. Una vez en la cama, no hubo muchos preliminares y comenzamos a “hacerlo” como si de dos conejitos de Duracell se tratara. ¿Lo mejor de todo esto? Su pene estaba ligera y maravillosamente curvado para que conectara perfectamente con mi punto G cada vez que se movía. De hecho, siempre lo recuerdo como uno de los mejores orgasmos que he tenido. A partir de ahí se estableció un escenario más llevadero, más fácil (e incluso divertido) de llevar. El sexo se volvió una experiencia muy agradable para los dos, y nunca olvidaré la parte en la que estaba hablando con su hermano por teléfono mientras le hacía una mamada, cosa que caldeó el ambiente aún más si cabe.

La cabeza me daba vueltas de camino a casa, no sabía qué pensar. Por un lado me habían dado un sobre con dinero por pasar el rato y tener sexo con un extraño, pero por otro lado, había tenido el mejor sexo de mi vida con alguien con quien ni siquiera me habría importado salir. En definitiva, el mejor comienzo con el que una acompañante pueda llegar a soñar.

 

Acabé llorando

Mi primera experiencia fue muy emotiva. En aquel entonces ya había oído hablar de las agencias de acompañantes, pero pensé que podría trabajar por mi cuenta sin ayuda de nadie. Creé mi propia página web y cuando conseguí mi primer cliente no me lo podía creer, todo iba sobre ruedas. Ya de camino, empecé a ponerme nerviosa, como se pondría cualquier persona en mi situación. Fue entonces cuando también empecé a pensar en qué estaba haciendo, a dónde estaba yendo, quién habría allí esperándome ¿Y si la persona con la que he quedado es un asesino o un loco que me está esperando con un hacha detrás de la puerta? ¡Qué tonta fuí! Al llegar allí un tipo encantador me estaba esperando, fue muy agradable y educado conmigo, y después te das cuenta de que al 99.99% de las veces es así. Incluso me pagó de más, no quiso que le devolviera nada. Sin embargo, en el taxi de camino a casa, me eché a llorar como una niña pequeña. No era para nada por lo que había hecho o por lo que había pasado, si no porque me sentí aliviada de todo ese estrés que había ido acumulando de camino a casa del cliente. Había sentido incluso miedo, y al fin y al cabo, no fue una experiencia para nada peligrosa. Así que después de esto decidí unirme a una agencia para evitar todo por lo que había pasado. Evitarme todo ese estrés previo y tener esa seguridad de que alguien te cubriría la espalda si te pasase algo, es una experiencia totalmente distinta.

En mi primera noche de agencia coincidí con un tipo que acabaría siendo mi primer cliente habitual. Sólo estuve con él unos 30 minutos, pero a los 15 ya habíamos terminado, que fue todo lo que tardó en llegar al orgasmo. Realmente, ahora que lo pienso, fue como “pim pam, para fuera, y gracias señora” . Obviamente ese día no fue mi única reserva, 15 minutos de trabajo al día suena algo maravilloso, pero nunca es tan fácil jajaja.

En general esas fueron “mis dos primeras veces” como acompañante, con y sin agencia. En las dos ocasiones entré con buen pie en el mundillo de las acompañantes, pero aún así me costó recuperarme mucho de aquella primera primerísima vez en la que pasé tanto miedo por nada. De hecho, todavía se me ponen los sentimientos a flor de piel hasta cierto punto cuando voy a conocer a un nuevo cliente, ya que pienso demasiado en todo lo que pueda pasar, aunque luego nunca pasa nada malo.

 

Estas han sido dos de las experiencias de las escorts, pero te contaremos algunas más en próximos posts.

 

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