¿Cómo es la primera experiencia como escort? Parte II

¿Cómo es la primera experiencia como escort? Parte II

Allá vamos con la segunda parte de “Cómo es una primera experiencia como escort”, hoy os traemos dos historias más de escorts que han querido compartir aquí sus primeras experiencias e impresiones. ¡Esperamos que lo disfrutes!

 

“Un primer encuentro emocional”

Una amiga mía me convenció para ser Escort. Ella ya llevaba siendo Escort unos meses y siempre me contaba historias sobre los hombres que conocía, el dinero que ganaba, y todo eso. En ese momento yo estaba estudiando, y como cualquier estudiante, siempre andaba justa de dinero. Trabajaba duro cada fin de semana para ganar algo de dinero extra y poder llegar a fin de mes, así que ser acompañante me pareció una buena solución a todos mis problemas. Aún soy relativamente “nueva” en esto, tan solo llevo un par de meses trabajando, pero siempre voy a recordar la primera vez que me llamaron para ofrecer mi primer servicio.

Mi “primera vez” fue con un tipo de negocios de unos 30 años que había llegado a la ciudad por trabajo. Creo que él ya tenía una acompañante habitual, creo la llamó pero no pudo ir esa vez porque estaba enferma o algo así, así que entonces fui yo.

Me pidió que nos encontráramos en el restaurante de su hotel, que me vistiera de una manera específica, y cuando llegué, él ya estaba esperando exactamente donde dijo que estaría y me saludó como si fuera su novia o su pareja, supongo que para disimular ante la demás gente que se encontraba allí. Me invitó a tomarme una copa en la barra del bar y hablamos durante un rato. Como estaba nerviosa, me alegré de que me hubiera invitado a la copa, y tan solo el hecho de hablar con él me ayudó a relajarme un poco. Aunque por otro lado, no paraba de pensar que todo el mundo sabía por qué estaba allí; una chica joven, vestida con un vestido que se ceñía a sus curvas, abrazada a un hombre mayor. Cada vez que alguien me miraba durante más de 2 segundos no paraba de pensar que me dirían algo o que me echarían de allí. Le dije a mi cliente que todo el mundo me miraba, y él contestó que no era de extrañar, que el vestido que había elegido era increíble y que estaba radiante. Mi confianza dio un vuelco, me relajé un poco más, e incluso empecé a coquetear con él sin darme cuenta.

Supongo que pensé que cuanto más estuviéramos en el bar, menos tiempo tendríamos para pasarlo en su habitación, pero finalmente acabó sugiriendo que estaríamos más “cómodos” en privado. No podía posponer más lo inevitable, así que lo seguí por el vestíbulo hasta su habitación. Una vez dentro, se quitó la chaqueta y nos sentamos en la cama a charlar un poco más. No me percaté de cómo habíamos terminado abrazados el uno al otro hasta que me besó. Era un buen besador, no solo me hizo sentir segura, sino que sus besos estaban empezando a tener el efecto deseado y empecé a encontrarme en un ambiente cálido y acogedor. Poco a poco comenzó a quitarse la ropa y una vez se quedó desnudo, yo aún estaba completamente vestida, pero me puso sobre él y empecé a hacerle una mamada. No pasó mucho tiempo hasta que sentí como terminaba en mi boca. Luego me pidió que me quitara el vestido y la ropa interior, que me pusiera el portaligas y los tacones. Hice lo que me pidió y me acurrucó junto a él como cualquier pareja “normal”. Y comenzamos a hablar un poco más, mientras él me abrazaba y me besaba de vez en cuando recorriendo mi cuerpo.

Al rato, y sin avisar, se puso a actuar de manera extraña, todo estaba yendo bien hasta que me alejó de él. Empezó a contarme porqué había aceptado verme a mí en vez de a su acompañante habitual, y me dijo que no se le había ni pasado por la cabeza la posibilidad de que pudiera llegar a ser tan dulce. Estaba preocupado porque no quería encariñarse conmigo. Comenzó a contarme que él amaba a su mujer, que solo llamaba a las acompañantes para tener sexo, que las llamaba solo porque su mujer había dado a luz y no podía tener sexo con ella… Era lo último que me esperaba de mi primera “cita”. Estaba comenzando a ser una situación algo más que incómoda, así que le pregunté si quería que me fuera, estuvimos de acuerdo en que era lo mejor para los dos, y nunca más me volvió a llamar. Supongo que continuó viéndose con su escort habitual.

 

“¡Qué suerte tuve!”

Llevo siendo Escort independiente ya desde hace 3 años. En mi primera noche estaba nerviosísima. Me acuerdo que me dijeron que conocería a mi cliente en un hotel de lujo que se encuentra a las afueras de la ciudad. Cuando llegó el momento de entrar por las puertas del vestíbulo del hotel, notaba que mi corazón iba a mil por hora, solo esperaba que el recepcionista del hotel no notara nada extraño en mí, aunque por dentro estaba a punto de estallar. Disimulé como pude y llegué a la habitación en la que se encontraba mi primer cliente. Cogí aire, cambié mi actitud, y me llené de confianza. Saqué mi mejor sonrisa y me dispuse a llamar a su puerta

Cuando ví que la puerta se abría, mi instinto me decía que me diera la vuelta y saliera corriendo, pero ya era demasiado tarde. Él, obviamente, notó que estaba nerviosa, debía vérseme en la cara a la legua, pero intentó por todos los medios que me calmara, que me sintiera a gusto. Al final resultó ser una experiencia agradable, me costó muchísimo hacerme a la idea al principio, pero una vez te relajas, las cosas salen por sí solas.

Sólo estuve allí 30 o 40 minutos como mucho, a pesar de que me había reservado una hora entera para él. Fue muy educado conmigo, iba bien arreglado y muy considerado. Pensaba que todos los chicos buscarían su propio placer, pero no fue así como resultó ser con este tipo. Es más, recuerdo que incluso me dió propina y me regaló una flor. Resultó que venía bastante a menudo por la ciudad por tema de negocios, así que acabó convirtiéndose en un cliente habitual por un tiempo, luego se ve que cambió de trabajo y dejó de llamarme. Siempre lo recordaré con cariño porque gracias a él soy quien soy ahora mismo, aprendí mucho de mi primera experiencia, e incluso diría que gracias a él fue placentera. Ojalá le vayan bien las cosas.

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